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sábado, 28 de enero de 2017

Más obras de Junji Ito y otros mangas de terror


Hace unos pocos meses hice un pequeño comentario de Uzumaki, la obra insignia de este mangaka experto en dar forma a imágenes tan perturbadoras que en más de una ocasión resultan imposibles de olvidar. Como he podido fijarme en que la entrada ha sido bastante visitada, he pensado que no estaría de más profundizar en la obra de Junji Ito y, también, recomendar otras obras de dibujantes destacados.

Así pues, comienzo presentándoos a...

Tomie

Dejaréis de pensar eso de que "a nadie le
amarga un dulce".

Empezamos con el manga que está justo por detrás de Uzumaki en lo que respecta a popularidad: Tomie, el recurso de la femme fatale llevado al extremo. Estamos ante una obra formada por distintas historias cortas, algunas más antiguas que otras (lo que se nota en el estilo de dibujo, pudiendo apreciar unos modelos más simples en el primer episodio, por ejemplo), que giran en torno a la figura de una chica que vuelve locos a los mozalbetes... literalmente.

Pese a que en algunos casos hay tramas que siguen a la anterior, en general podríamos leer cualquiera de ellas independientemente del resto y la comprensión de la lectura no se vería afectada en absoluto. De modo que, como podéis imaginar, el de Tomie no es un argumento complejo. Ni siquiera tiene lo que podríamos considerar un inicio, ni un clímax y aún menos un desenlace. Cada trama es independiente, y, por lo general, suele terminar siempre con la "victoria" de la chica sobre aquellos a quienes domina.

Es un manga recomendable al 100% si os gustó Uzumaki u otros relatos de Junji Ito, repleto de escenas realmente desagradables y alguna que otra trama que sorprende gracias a un acertado giro de guión. En algunos casos, encontraremos historias más bien de  de carácter "psicológico", y será en estos donde el autor dará rienda suelta a una de las cosas que mejor se le da: la insinuación.

Aunque por otro lado, afortunadamente, una de las grandes bazas de Ito es su habilidad a la hora de dibujar personajes y momentos grotescos que llegan a asustar al lector, como si de un sobresalto en una película se tratase. En esto, también destaca a base de bien y no serán pocas las tramas en que "gozaremos" de seres deformes, inhumanos e imágenes espectrales que ponen los pelos de punta.

En definitiva, Tomie es una obra imprescindible y una de las mejores opciones para todos aquellos que tras Uzumaki se quedaron con ganas de más. Preparaos para un sinfín de casquería y de chicos que, sin rastro alguno de cordura no dudarán en asfixiar, descuartizar, apuñalar y en general acabar con la vida de una chica que por mucho que se la asfixie, descuartice o apuñale, siempre regresa. Tomie siempre regresa.


Flesh-Colored Horror



Flesh-Colored Horror es el título del tercer volumen de las compilaciones de historias cortas de Junji Ito (16 en total), y probablemente una de las más populares dejando de lado los dos primeros tomos, que son nada más y nada menos que los relatos de Tomie comentados arriba. Al contrario de Tomie, en Flesh-Colored Horror encontramos distintos relatos que no tienen nada que ver entre sí, como era el caso de los anteriores. Cada historia empieza y concluye independientemente de lo que le sigue, y puede considerarse, probablemente, una de las obras más “amables” (y me quedo corto con las comillas) de Junji Ito. Porque, por un lado, no llega al nivel de contundencia de Tomie o Uzumaki, pero en algunos casos puede presumir de imágenes realmente fuertes.

Long hair in the attic da inicio a esta
recopilación, y difícilmente os dejará
indiferentes.


A lo largo de este volumen encontraremos chicas asesinadas por su propio pelo, un escultor que no conoce límites, un virus que embellece a las jóvenes menos agraciadas pero que a la vez las consume hasta la muerte, una madre loca obsesionada con el aspecto de su hijo… Como podéis imaginar, la atmósfera malsana de las obras de Ito está también patente en esta colección de relatos. 

Más entretenido que Tomie (dada la variedad de las tramas, principalmente), Flesh-Colored Horror es una buena opción para los que busquen una lectura más ágil y de menor mal gusto que las obras principales de la bibliografía del autor.









Gyo

Bonita portada.


¿Qué es Gyo? Probablemente sea una de las preguntas que os haréis si os decidís a echarle un vistazo a este manga, otro de los más influyentes y destacados de la obra de Junji Ito junto a Uzumaki y Tomie

Ya habréis visto que cuando me refiero a los trabajos de este autor distingo algunos de los otros, por lo que respecta al grado de impacto y en ocasiones mal gusto de las imágenes. En esta ocasión, con Gyo estamos ante uno de los mangas que más roza el extremo de lo desagradable, algo que compensa de sobras un argumento que si bien es muy potente en un principio, termina rozando lo engorroso en su tramo final, recordando a lo apocalíptico que caracteriza el último volumen de Uzumaki

Gyo podría interpretarse como una historia de zombies (o como se les llama ahora, de infectados) totalmente innovadora y arriesgada por lo que respecta a su planteamiento: Un “virus” de origen humano que se extiende como la peste, convirtiendo a la humanidad en lo más parecido a unos muertos vivientes mecánicos. ¿Surrealista? Quizá, pero creo que el mejor adjetivo que puede describir esta obra es “desagradablemente absurda”, y pese a no ser de mis favoritas, está considera una lectura imprescindible para los seguidores del manga de terror.


Mr. Arashi's Amazing Freak Show



Y terminamos esta entrega con una excepción, una obra no de Junji Ito sino de Suehiro Maruo. Sexo, casquería, violencia extrema… Probablemente sea uno de los autores más bestias e impactantes por lo que supone su estilo. No tiene nada que ver con Ito, que se limita a un terror y a un gore mucho más “sano” en comparación con la obra de Maruo. Y como habéis podido ver, ni Uzumaki, ni Tomie, ni Gyo son un episodio de Doraemon precisamente. 

Y es que hay algo que diferencia muy bien las obras de cada uno de estos autores. Y es que, si bien los mangas de Junji Ito contienen imágenes desagradables y momentos de mucha tensión, su lectura, para los fans del género (o no) es agradable, te hace pasar un buen rato. No pasa lo mismo con la de Maruo. 

Mr. Arashi’s Amazing Freak Show no es ni una lectura agradable ni invita para nada a pasar a la página siguiente. La violencia, el sexo y el mal gusto van ligados, llevados a un extremo que a más de uno le puede provocar arcadas. Por lo tanto, estamos ante un manga a tener en cuenta por los aficionados al género y por todos aquellos que buscan emociones fuertes y que disfrutan de películas como A Serbian Film y derivados. 

Para los interesados, comento que también existe una versión animada de este manga, que no se corta en nada y que ofrece exactamente lo mismo, plano por plano, que lo que ofrece el original de Suehiro Mauro.




Y de momento, aquí termina esta tanda de recomendaciones. Próximamente más, porque la obra de este autor es inabarcable en una sola entrada. Ah, y como apunte final, huelga decir que todos estos mangas los podéis encontrar fácilmente en Internet para leerlos online, aunque no voy a negar que leerlo en papel y metido en la cama a altas horas de la noche sea un plus a tener en cuenta. 

¡Que paséis un desagradable buen rato!

jueves, 19 de enero de 2017

Uzumaki

(Rescato una serie de recomendaciones de Junji Ito que escribí en su momento para mi anterior y difunto blog, I am the arm, ante el que me quito el sombrero tras tantos años soportando numerosas idas de olla y cambios de estilo)


Uzumaki (1998-99)

Hace unos días hablamos de Ring, la obra cumbre de Koji Suzuki, cuya adaptación al cine ascendió al terror japonés a trono aún hoy en día inalcanzable. Para el público occidental, el terror que nos llega de Japón es algo que nunca deja de ser perturbador. Puede asustarnos más o menos, pero la fórmula (todo sea dicho, quizá ya demasiado explotada a estas alturas) es totalmente contraria a la que se usa en Europa y en Estados Unidos, lo que supone una vuelta de tuerca que a veces resulta incomprensiblemente perturbadora.
Ya sabemos de qué va el cine de terror estadounidense: psicópatas disfrazados, numerosos grupos de adolescentes que caen uno tras otro y siempre caracterizados por los mismos prototipos, sustos predecibles basados en subidas de volumen… No hace falta decir mucho más sobre el género, porque a día de hoy ya es sabido por todos que la fórmula del género de terror que se practica en EE.UU. está excesivamente trillada. Y lo peor es que ni siquiera transmite terror.

En Europa las cosas son algo distintas. Aquí se intenta ser más transgresor, romper tópicos e intentar hacer todo lo que sea necesario para perturbar al espectador. No importa tanto el miedo como el asco, lo desagradable y lo doloroso. Ejemplos de ello pueden ser la reciente The Human Centipede o Martyrs, películas que más allá de provocar miedo, recurren a un gore y a una escatología de dimensiones desorbitadas que buscan provocar náuseas, desmayo y básicamente el shock general del público y las típicas etiquetas de “¡No la vea solo!/Cientos de espectadores perdieron el conocimiento en la sala… ¡Atrévase!/Definitivamente, lo más desagradable que se haya visto en la historia del cine”. En resumen, llamar la atención de los medios. De hecho, durante los últimos años el cine norteamericano también se ha apuntado a esta moda, dando como resultado la innecesariamente longeva saga Saw o las dos entregas de Hostel.

Pero por muy crudo que sea este terror europeo, sigue padeciendo el mismo problema que el estadounidense… No da miedo. Puede provocarnos asco, ganas de vomitar, hacernos apartar la vista de la pantalla al ver cómo a un personaje le perforan con un taladro… pero no miedo. Y es aquí donde entra el terror oriental, que muy poco tiene que ver con los ejemplos mencionados anteriormente.

Lo más curioso de todo es que en muchos casos, comparte características con la mayoría de películas del género. Sangre, sobresaltos, un argumento a veces predecible… ¿Entonces, qué es lo que las diferencia del resto? Pues, en resumidas cuentas, la ambientación, el exotismo, el hecho de representar una sociedad y una cultura tan distintas a la nuestra. Además, el trato frío de los personajes y la crudeza del enfoque psicológico del mal no hacen más que reforzar esa atmósfera malsana que, esta vez sí, consigue transmitir terror de verdad. Y es que la idea de un loco con máscara que rebana chavales con una motosierra quizá en su día consiguió poner los pelos de punta, pero a día de hoy no deja de resultar bastante indiferente. En cambio, el tratamiento de los fantasmas en el cine oriental es algo que puede dejarnos con mal cuerpo durante días, además de hacer que nos cueste más de lo normal movernos por casa a altas horas de la noche.

Pero hay vida más allá de los fantasmas, y la respuesta también está en Japón. Uno de las características del terror nipón es, en algunos casos, el surrealismo malsano. Es algo que no encontramos prácticamente en ninguna producción occidental, de manera que consigue transmitirnos algo nuevo, desconcertante y tan desagradable como escalofriante. Y es este surrealismo el protagonista de la recomendación de hoy, que no tiene nada que ver con el cine pero sí con el mundo del cómic.

Demos paso, pues, a Uzumaki.
Lamentablemente, parece ser que Uzumaki
ha dejado de publicarse en nuestro país.

Uzumaki es una de las obras más importantes del manga de terror, junto a La mujer de la habitación oscura o Flesh Colored Horror. Pero si bien estos dos últimos son altamente recomendables, en mi opinión la obra que nos ocupa va un paso más allá, consiguiendo erigirse como el mejor ejemplo de cómic de terror surrealista (y en ocasiones hasta absurdo) del momento. ¿Qué es pues lo que hace tan bueno a Uzumaki? Vayamos por partes.

Uzumaki es obra de Junji Ito (a estas alturas debe haber quedado claro), un conocidísimo mangaka que a lo largo de su carrera nos ha ido deleitando con obras de terror como la ya citada Flesh Colored Horror o Gyo. Sin embargo, es con la trama de los espirales donde saca a relucir lo mejor de su talento. La historia se desarrolla en un pueblo costero japonés llamado Kurozu-cho, y la protagonista absoluta es Kirie Goshima, una estudiante de secundaria que empieza a darse cuenta de que algo va mal al ver cómo su novio parece estar preocupado acerca de algo que el pueblo esconde.

La historia, dividida en 6 volúmenes (en la edición española) y con varios capítulos en cada uno, va desarrollándose y agrandándose hasta convertir todo Kurozu-cho en lo más parecido a un infierno, sumergiendo a todos y cada uno de sus habitantes en la locura, la demencia y en un descontrol anárquico que simboliza el inevitable fin del lugar. Si bien esa destrucción y esa ambientación apocalíptica disipa el halo de terror psicológico de los primeros volúmenes, aún es posible encontrar escenas verdaderamente escalofriantes.

Pero vayamos al grano, que es el argumento principal. ¿Qué ocurre en Kurozu-cho? La respuesta está en las espirales, algo que queda más que claro en el primer volumen, que cuenta con varias de las escenas más escalofriantes que se hayan visto hasta ahora en un manga y que sirven como un magnífico prólogo de la obra. Durante el resto de episodios y volúmenes, iremos presenciando sucesos aislados que no hacen más que confirmar que Kurozu-cho se está sumergiendo en un desquiciado mundo de locura. Y cada vez, los sucesos irán a más. Transformaciones, posesiones, cambios de personalidad… Todo es posible cuando el pueblo entero está sometido al poder de la espiral.

Uno de los puntos más controvertidos del manga y representativos del citado surrealismo de la obra es, en mi opinión, la subtrama relacionada con los caracoles. La historia nos sitúa en el instituto de Kurozu-cho (cada episodio servirá para introducirnos los distintos escenarios del pueblo: el hospital, el centro, las afueras…), en el que un día aparece uno de sus alumnos con la espalda abultada de una manera extraña. Y esa extrañeza se convertirá en horror cuando veamos como ese bulto tiene forma de espiral y es en realidad una concha de caracol gigante. El resto es fácil de imaginar: seremos testigos de una desagradable metamorfosis. Más adelante, en la parte más apocalíptica del manga, el autor vuelve a recurrir al tema de los caracoles, esta vez para mostrarnos uno de los momentos más perturbadores de la historia, mezclando lo desagradable que pueden ser los caracoles humanos junto a la loca desesperación de los absorbidos por la espiral.

Así pues, Junji Ito aprovecha su ciudad ficticia para poner en escena todo tipo de situaciones, coqueteando con distintos tipos de terror, incluso desviándose un poco hacia el género puramente fantástico, sin perder el toque grotesco que caracteriza a Uzumaki.

Por otro lado, no podemos decir que este manga sea perfecto. Sí es muy bueno y vale la pena que lo lea cualquier aficionado al terror japonés, pero tiene ciertos puntos flacos que no todos verán con buenos ojos. Uno de ellos es principalmente el innegable bajón de calidad del argumento una vez la espiral ha controlado todo el pueblo y Kurozu-cho no es más que un vertedero anárquico, dominado por locos que vuelan sobre tornados creados por ellos mismos. Desaparece toda la intriga de los primeros episodios, en los que lo que sucedía no eran más que casos aislados, ajenos a la mayoría de habitantes del pueblo. En fin, es comprensible que algo nunca puede ser del todo perfecto.

En resumen, no me queda más que recomendar Uzumaki a todo aquel que tenga ganas de leer algo distinto, de experimentar el terror de una manera también distinta, y que sepa dejarse llevar sin remilgos por una atmósfera malsana, surrealista y en ocasiones absurda, pero sin perder nunca una personalidad grotesca y desagradable que se mantendrá a lo largo de todos y cada uno de los episodios que forman esta obra.

Y para los que tengan curiosidad de ver cómo se las gasta Junji Ito, sólo hace falta que echéis un vistazo a este enlace, en el que podréis ver un gran número de imágenes de Uzumaki y otras de sus obras. Eso sí, os recomiendo leer el manga e ir descubriendo estas escenas por vosotros mismos, porque vale mucho la pena.