sábado, 11 de febrero de 2017

Más obras de Junji Ito y otros mangas de terror (III)



Y aquí estamos otra vez, después de mucho tiempo. La verdad es que desde la última entrada sobre Junji Ito han pasado nada más y nada menos que dos años (¡ni yo me lo creo!), y afortunadamente la cantidad de traducciones o scanlations ha aumentado considerablemente, hasta el punto de prácticamente doblar el número de relatos que había hasta el momento. Por lo tanto, veo bastante adecuado retomar un poco la senda y recomendar unos cuantas historias cortas más que he podido disfrutar a lo largo de estos años. Así que preparaos para una montaña rusa que os llevará a conocer una chica con un grave problema con las babosas, la extraña y surrealista historia de un vinilo maldito o una posada que oculta un secreto terrible y ancestral, entre otras cosas a cada cual más desagradable. 


Hallucinations



Todos hemos sentido envidia alguna vez. Algunos se apresuran a pegarle la coletilla de “sana”, quizá porque desde tiempos inmemoriales la envidia ha sido un sentimiento defenestrado por la mayoría (qué más puedo decir, si está etiquetado como uno de los siete pecados capitales), pero al mismo tiempo todo el mundo ha sentido en alguna ocasión ese resquemor hacia algo que alguien tiene y nosotros no. En ocasiones, esta envidia puede derivar en una actitud más competitiva que puede ayudarnos a lograr eso que deseamos, siendo algo que a fin de cuentas nos hace un bien. No así para Oshikiri. 

La envidia hacia su mejor amigo de la infancia acabó desembocando en un odio tan profundo que le condujo a hacer algo escalofriante: lo mató con sus propias manos y lo enterró en el jardín de su casa. Es entonces, a partir de ese momento, que unas extrañas alucinaciones carcomen la mente de este chaval, que pronto se encontrará sumido en una espiral de locura que deberéis descubrir si queréis saber si consigue salir de ella ileso. 

Interesante cuanto menos, Hallucinations muestra a un Junji Ito con un estilo de dibujo aún similar al de Tomie, aunque con la capacidad intacta de recrear escenas surrealistas a la par que desagradables. Probablemente no sea una sus mejores obras, pero sí mantiene lo suficiente en tensión como para leerla de un tirón, algo que no se puede decir de algunos de sus trabajos, especialmente aquellos en los que se muestra demasiado reiterativo. 

Si queréis acompañar al “pobre” Oshikiri en su particular descenso a la locura, haced click aquí.


Slug Girl



Las babosas, esas criaturitas tan húmedas, que se retuercen sobre sí mismas y que dejan un rastro de baba pegajosa a medida que se arrastran lentamente por el suelo… No, no fingiré que me dejan indiferente, y mucho menos que me gustan. Sin llegar a repugnarme, me parecen unos animales desagradables y mucho más cuando son convertidos en las principales amenazas de relatos como este. Transformados en seres peligrosos y amenazadores, algo tan “soso” como una babosa se puede convertir en algo que parece sacado de una pesadilla. Vamos, que después de hacérnoslo pasar mal con los caracoles humanos de Uzumaki, el señor Ito nos vuelve a meter el asco en el cuerpo. 

Sin ser uno de los relatos más elaborados del autor, no puedo evitar mencionarlo por lo desagradables que resultan algunas de sus escenas, con un final marca de la casa del que, si has leído mucho a Ito, no te sorprenderá lo absurdo y asqueroso que resulta. Interesante para pasar el rato, aunque poco recomendable si has acabado de comer (y menos si te has zampado un plato de caracoles). Aquí lo tenéis.


Gravetown


Que cada pueblo tiene sus propias costumbres as algo que todos sabemos. Y cuanto más oculto se encuentre en las profundidades del país, más probabilidades existen de que esas costumbres rocen lo surrealista; en el caso del pueblo al que nos invita Junji Ito en este relato, cómo no, la cosa se pasa de surrealista y se convierte en algo que acaba rozando lo grotesco. 

En esta ocasión, la paranoia arranca de la misma manera que la mayoría de películas de terror que podemos ver a día de hoy: una pareja conduce en dirección a X lugar y, por una tonta distracción, acaban atropellando a alguien. ¿Y qué pasa con ese alguien? Pues que su muerte revelará a la joven pareja protagonista la grotesca realidad de lo que parece ser tan solo una singular costumbre del pueblo al que se desplazan: las calles están repletas de estelas funerarias. Sea en la calzada, dentro de las casas o en los parques, cientos de estelas “adornan” una misteriosa aldea que no tardará en descubrirse ante los protagonistas como el escenario de una verdadera pesadilla. 

Posiblemente uno de los mejores relatos que menciono en esta entrada, a Gravetown no le pesa contar con varios tópicos del género (atropellamiento inicial, monstruo saliendo de un pozo, etcétera), sino que se sirve de ellos para ofrecer una experiencia bastante interesante, con una curva de intensidad muy bien delimitada y con un final que (¡aleluya!) esta vez no decepciona. Leedla, porque si os gustan las (buenas) idas de olla de Junji Ito dudo que os arrepintáis.


Ryokan


Un padre de familia enloquecido empuñando un hacha, una extraña fuerza demoníaca apoderándose de un hostal… No sé yo si a Junji Ito la inspiración le vino con El resplandor, pero no sería de extrañar viendo el planteamiento de esta historia que, pese a ser bastante corta, considero de las más efectivas de toda su obra.

Dividida en dos partes bastante diferenciadas, con un salto temporal considerable entre ambas, la segunda es la que contiene la mayor parte de la imaginería característica de Ito, con más de una escena protagonizada por personajes realmente grotescos y desagradables. En parte, y tras haber leído tantos trabajos de Ito, tampoco aporta nada especial que la ponga por encima de sus obras más destacadas. Afortunadamente, y pese a ser una paranoia bastante grande y sin pies ni cabeza, mantiene el tipo hasta el final y ha sido una de las historias cortas que más he disfrutado últimamente de este señor. 

Para los valientes, aquí el billete de entrada a la Hell’s Bathhouse.



Second-hand Record



Que la música despierta pasiones no creo que nadie lo dude. Aunque en ocasiones lo musical no tenga nada que ver con el asunto (¿de verdad son necesarios los ejemplos?), hay veces en las que no estamos ante algo tan superficial como el mojabraguismo que despierta el tupé de un crío que apenas sabe lo que canta. Pero bueno, todos los fanatismos son preferiblemente evitables, y esto no es una excepción. Y si no, que se lo digan a Nakayama, la protagonista de este relato en el que Junji Ito se desmarca notablemente de sus recursos habituales para ofrecer una trama, si bien no revolucionaria, más trabajada y conseguida en comparación al resto. 

En Nakayama, la chica en cuestión, se desatará una obsesión enfermiza hacia un misterioso vinilo que contiene una sola canción, hipnótica y cautivadora, que cambia a todos aquellos que entran en contacto con sus notas. Esto la llevará a perder la cabeza, y por supuesto a poner en peligro su vida, tan solo por la necesidad de mantener a su lado esa extraña grabación. 

Second-hand Record ha sido uno de los relatos de Junji Ito que, sin duda alguna, más me han sorprendido últimamente. Y es que debo reconocer que a medida que he ido descubriendo los diversos trabajo de este autor, he notado en ellos cierta reiteración, y en ocasiones un gusto demasiado descarado por el simple impacto más allá de la tensión y el misterio de una trama bien construida. Así que, en cierto modo, este breve relato sí ha conseguido hacerme sentir de nuevo una tensión parecida a la que nos invade cuando recorremos las calles de Kurozu-Cho. Salvando las distancias, claro está. 

Aquí lo tenéis, totalmente recomendable.



Kurosagi: servicio de entrega de cadáveres



Y como ya fue habitual en las otras entradas, finiquito esta serie de recomendaciones con otra que nada tiene que ver con Junji Ito, más allá de englobarse también en el género de terror. Aunque en este caso no estamos ante algo tan simple. Kurosagi: Servicio de entrega de cadáveres es un manga que seguí durante mucho tiempo hasta que su soporífero ritmo de publicación en España me hizo olvidarme prácticamente de su existencia. Pese a eso, es sin duda una de las publicaciones más interesantes que recuerdo haber leído, y probablemente los números a los que no conseguí echar un vistazo no hayan perdido un ápice de calidad respecto a la brillantez de los primeros, los que me enamoraron de las idas y venidas de este grupo de personajes tan particulares. 

El planteamiento gira alrededor de seis jóvenes con habilidades especiales (desde algo normal como el hackeo hasta otras que rozan lo sobrenatural como la capacidad de hablar con los muertos) que se dedican a cumplir el último deseo de los difuntos que encuentran, normalmente en situaciones de lo más variopintas. De esta manera, tienen lugar situaciones extremas y desconcertantes que tocan todas y cada una de las opciones que ofrece el género. Desde el gore más visceral hasta situaciones de asco como la que protagonizan unos caracoles exóticos (que nadie se extrañe de que me den tanto asco estos bichos) en el cuarto tomo, pasando por momentos más sobrios con la guerra de Irak de trasfondo. 

Muy intensa, con un amplio abanico de posibilidades y con una curva argumental que cada vez resulta más y más interesante, Kurosagi es sin duda alguna una recomendación excelente para todos aquellos que, pese a gustarles el género del horror, creen que hay que ir algo más allá de unas simples imágenes asquerosas y/o impactantes. Con Kurosagi disfruté de una serie adulta, que muestra todo tipo de imágenes y tramas controvertidas sin tapujos y que, pese a que probablemente no goce de la misma repercusión que otras publicaciones eternas y sosas hasta más no poder, es de lo que más vale la pena en el género a día de hoy. Y con una buena dosis de humor negro, que estos casos nunca viene mal. 

¡Disfrutadla! (por ahora, en inglés; intentaré dar con algún enlace en castellano, pero de no ser así siempre os recomiendo acercaros a alguna tienda, a ver si tenéis suerte. Dudo que os arrepintáis.)

jueves, 9 de febrero de 2017

Ring, de Koji Suzuki


"Le temblaban las manos. Tenía la sensación de que había algo detrás de ella. Algo, desde luego no una persona. Un hedor amargo a carne podrida se percibía en el aire alrededor de ella, rodeándola. No podía ser nada corpóreo"

El horror ignoto, el escalofrío, la bruma impenetrable. Olvidado el monstruo, inutilizado el tacto, pormenorizado el miedo. En mi aventura a través del mundo del terror, reconozco que le debo mucho a Japón. Hubo una época en que los fantasmas nipones revolucionaron el género y también se hicieron hueco en mi manera de enfocarlo en relatos e historietas. Quizá hoy esa fiebre haya menguado, pero ahí está Rings para demostrar que, tras cerca de veinte años, sigue habiendo a quien le interesa ese acercamiento tan particular al miedo, aunque ya algo desdibujado a estas alturas.

El inminente estreno de la película me ha motivado a revisar el texto con que empezó todo, una novela sin pretensiones, personal, me atrevería a decir que poco interesada por el gran público. Probablemente Koji Suzuki escribió Ring sin llegar a imaginar la repercusión que aquella historia tendría en el imaginario occidental del terror. Era 1991, y pese al éxito que tuvo en su país natal, la novela aún tardaría en darse a conocer en tierras occidentales. Y, por supuesto, lo hizo a través de la película. Y si no, de la versión americana de Gore Verbinski. 

Por mi parte, intentaré dejar a un lado las películas. Porque, de hecho, este libro guarda más bien poca relación con ellas salvando la historia de fondo y los elementos básicos. Si algo me sorprendió de Ring al leerlo hace ya unos años y sin haber visto ni las adaptaciones de 1998 y 2002, fue que toda la parafernalia de la niña del pozo era más bien algo secundario y en algunos aspectos incluso inexistente. Curioso, puesto que desde la primera película prácticamente toda la mercadotecnia apuntó a la niña maldita, al bichejo arrastrándose desde el pozo, a esa mata de pelo largo con patas saliendo de la tele. El enemigo no es tanto un fantasma como una maldición oscura e inmaterial, pero entiendo el interés en dar forma a un villano capaz de pasar a la historia del género, y Sadako (o Samara en la versión americana) desde luego lo ha sido. 

La novela nos pone en la piel de Kazuyuki Asakawa, un periodista que ve cómo su sobrino muere de forma extraña y el interés por sacar algo en claro lo lleva a descubrir la famosa cinta de vídeo. Ahí comienza una carrera a contrarreloj no solo para salvar la vida sino también para descubrir qué esconde esa maldición y su razón de ser. A decir verdad, el argumento no es de gran complejidad, como sí lo es el trato de los personajes, el dominio de los tiempos y el ritmo narrativo. Tampoco los diálogos brillan, pero sí lo hace la manera en que Suzuki refleja el miedo de los protagonistas (los últimos momentos de vida de cierto personaje están narrados con tal maestría que probablemente os queden grabados a fuego en la memoria por un buen tiempo).

La atmósfera es fría, fea, oscura; infinitos bloques de edificios grises, apartamentos cochambrosos y entornos irrespirables son los escenarios en que Asakawa y Ryuji Takayama, su compañero de viaje, intentarán descubrir la verdad, verdad que se resiste y que jamás, salvo en las últimas páginas, acaba por desvelarse. Por supuesto, si uno conoce la historia de antemano no habrá demasiado lugar para sorpresas, pero creo que Ring puede aportar bastante al visionado. Aquí Sadako tiene un trasfondo mucho más interesante y complejo, y la amenaza de la cinta de vídeo se presenta en tantos momentos como algo indescifrable e inevitable que, sumado a la manera en que Suzuki nos hace partícipes de la angustia, la experiencia acaba siendo mucho más gratificante que estar montados en un tren de la bruja de sobresaltos constantes.

Desconozco qué destino le espera a esta ¿franquicia? Probablemente la industria del cine la siga exprimiendo (y quizá con resultados más malos que buenos), pero probablemente lo más interesante sea el legado que deje en la literatura, que aún habrá que esperar un tiempo a reconocer. En realidad, tengo la impresión de que lo verdaderamente bueno de esta novela aún no ha sido aprovechado como debería; no es más que una idea, una sensación con poco fundamento, pero ese terror indefinido, esa amenaza reptante, ese pánico visceral los veo capaces de seguir dando forma a muchas más pesadillas.

martes, 7 de febrero de 2017

La conspiración Umbrella, de S.D. Perry



Empezaré haciendo una confesión: mi adolescencia estuvo marca por una profunda obsesión por Resident Evil. Una obsesión abstracta, sin fundamento, por decirlo de alguna manera: el famoso REmake por el que me temblaban los huesos había sido descatalogado y no se encontraba en ningún lugar y precisamente La conspiración Umbrella no aparecía en ninguna de las pocas librerías donde podía ir a consultarlo. La idea de una mansión colosal e imponente perdida en el bosque, contenedora de cientos de pesadillas hechas carne y hueso, me había vuelto loco. Pero, en realidad, no tenía ni idea de cómo era el juego más allá de los pantallazos vistos en alguna revista y del argumento únicamente intuía unos pocos detalles.

En aquellos tiempos, viviendo en un pueblecillo sin Internet y con pocos recursos para un chaval de unos doce años, era imposible no acabar dándole al coco y generar un imaginario que luego poco tenía que ver con aquello que uno encontraba en los juegos o, en este caso, las novelas. Pero el pueblo era viejo, rodeado por un bosque espeso, con casa viejas y algún que otro palacete comido por la hiedra. Y eso, sumado a la necesidad de imaginar lo que uno no tenía entre manos, acabó desembocando en decenas de relatos e historietas de terror, fantasmas y zombis ahora perdidos en un ordenador viejo que ni siquiera es capaz de arrancar.

Pasaron algunos años, y el REmake acabó apareciendo en una tienda de segunda mano con una aura de reliquia, así como La conspiración Umbrella fue fácil de obtener en una librería más grande. Quien escribe esto ya no era el mismo chaval aislado con la necesidad e obligación de imaginarlo todo. Habiendo logrado esas dos, por entonces, piezas de museo, toda esa idealización iba de camino a irse al garete. 

Y nada. Uno ya ha dejado atrás todos esos momentos mágicos y oscuros, pero de vez en cuando remueve un poco el baúl de los libros viejos y se encuentra, casi siempre, con esa La conspiración Umbrella que tanto lo trajo de cabeza. El REmake se ha acabado ratificando como esa joya que fue y que sigue siendo; los años no le pesan y como experiencia jugable es una maravilla. Pero, ¿qué pasa con el libro? Porque obviamente aquí la cosa va de literatura. Como me ha apetecido darle un repaso, ahí va una reseña desde la mirada del adulto que fue el niño más loco por esta saga. Palabra.



Por lo normal no suelo fiarme de adaptaciones literarias de videojuegos, películas, series y productos por el estilo. Y viceversa. Sin embargo, alguna excepción debe haber, y siempre he pensado que las novelas con que S.D. Perry adaptó los juegos de Resident Evil son una de ellas. No están mal escritas, los personajes no son planos y la atmósfera que uno experimenta jugando está bastante bien plasmada. Obviamente, tienen sus puntos flacos. No son novelas demasiado memorables, los personajes que aparecen en más de una no tienen una progresión bien definida y, tal y como sucede en los juegos, cuando todos los enigmas se desvelan y la oscuridad se disipa las tramas pierden todo su interés.

Sin embargo, en La conspiración Umbrella están todos y cada uno de los ingredientes para una buena historia de terror: la mansión, el tenue olor a podredumbre filtrándose por los bajos de las puertas e incluso la sensación de aislamiento y de soledad. No podemos olvidar que el juego original era todo un homenaje deliberado al terror de serie B (el doblaje ya dio fe de ello) y la novela fue lanzada un par de años después, pero lo más interesante es que su atmósfera se corresponde más con lo visto y experimentado en el REmake de 2002. Oscuridad, sonidos desconcertantes, unos personajes de perfil algo más realista. 

Por supuesto, también tiene sus defectos. Hay veces en que roza el tedio, en que va de un personaje a otro constantemente y se olvida de darles una mayor profundidad. El ritmo, comparado con La ciudad de los muertos (la adaptación de Resident Evil 2, y probablemente la mejor novela de esta serie), es mucho más lento. Y obviamente, no es una adaptación libre, sino un encargo. El contexto podría dar para algo más introspectivo, psicológico, quizá más minimalista y a la vez más efectivo, sí, pero entonces implicaría dejar de lado ciertos aspectos que no hubiesen sido bien recibidos por cierto sector del público. 

Y aun así, tiene sus escenas efectivas, descripciones bien hechas y dignas de un buen libro del género. Por supuesto, difícilmente os provocará miedo alguno; a lo sumo, un poco de asco o desazón, pero sin llegar a extremos. 

Fragmento extraído del capítulo 16 (p. 137)

¿Es La conspiración Umbrella un buen libro? Desde una óptica limpia, alejada de esa vieja idealización adolescente, sí. Está claro que de no ser una adaptación de un videojuego esa pregunta no la formularíamos, o bien no tendríamos la necesidad. Y la verdad es que logra recoger la atmósfera oscura y sobrecogedora, quizá sin profundizar demasiado en el miedo ni en la psicología de los personajes, pero atendiendo a su carácter de adaptación, tampoco debería ser necesario. Por otro lado, ofrece una contextualización de los acontecimientos de la que carece el juego y que nos pone en situación de una manera bastante acertada, permitiéndonos conocer los orígenes de los ataques que motivaron la excursión de los S.T.A.R.S. a las montañas Arklay partiendo de recortes de periódicos que ponen nombre y rostro a las primeras víctimas. Al mismo tiempo, los personajes del equipo Bravo (que en el juego, salvo excepciones, encontraríamos hechos fiambre) están los suficientemente perfilados como para que el hallazgo de sus restos pueda tocarnos, aunque sea un poco, la fibra sensible.

Lo que más me ha sorprendido es ver cómo resisten el paso de los mis años. Esperaba un reencuentro no sin cierta vergüenza ajena, no sin el rubor de ver cómo aquello que antes te ha obsesionado lo ves ahora como algo inerte, inocuo. Todo lo contrario. Sin parecerme la panacea que tampoco me pareció hace más de 13 años, sí sigue siendo una correctísima adaptación de un videojuego cuyo desarrollo no es precisamente fácil de adaptar a otros medios narrativos. De hecho, el juego carece de una estructura típica de planteamiento-nudo-desenlace; se llega a la mansión y, a partir de ahí, todo son paseos arriba y abajo, buscando llaves, eliminando engendros pestilentes, hasta que al final los supervivientes derrotan al Tyrant, suben al helicóptero y se largan. Y la verdad es que la cierta libertad que esto ofrece está bien aprovechada por la autora.

Viendo lo bien que he recibido este reencuentro, quizá me anime a seguir revisando el resto de la colección. Veremos si los siguientes aún mantienen el tipo.

sábado, 4 de febrero de 2017

Más obras de Junji Ito y otros mangas de terror (II)


Junji Ito puede presumir de tener una obra vastísima, de modo que quedarse solamente en Uzumaki, Gyo y sus mangas más conocidos puede hacer que nos perdamos multitud de relatos que en ocasiones son incluso mejor que sus obras insignia. Como muchos sabréis, hace unos meses os recomendé Gyo, Tomie y Flesh-Colored Horror, de modo que en esta ocasión iré un poco más allá y profundizaré en algunos de los relatos más desconocidos de este maestro del terror japonés. Atentos, porque en algunos de ellos encontraréis historias de lo más inquietantes e imágenes espeluznantes marca de la casa Ito, imprescindibles para cualquier seguidor de su obra.


Undying Love/Lovesick Dead



Hemos oído muchas veces eso de “El amor mata”, y probablemente esta historia sea uno de los mejores ejemplos que podamos encontrar de dicho tópico en el mundo del manga. Un chico se traslada a una pequeña ciudad sumida en la niebla y en la que los adolescentes juegan a un curioso pasatiempo en las esquinas de las calles. Pronto, y tras algunos acontecimientos escabrosos, surge una leyenda urbana sobre un chico alto y misterioso que condena a la locura y a la muerte a todos aquellos que se cruzan con él.

Undying Love es un volumen completo, de algo más de 200 páginas, y si bien contiene imágenes muy impactantes, la trama no es lo suficientemente firme como para mantenerse a flote durante todos los capítulos, de modo que recurre a los mismos tópicos para culminar en un final que si bien es marca de la casa, se queda más bien como una previa a los acontecimientos. Recomendable, aunque más bien parece una historia corta excesivamente alargada.


The Face Burglar




Espantapájaros que sorben el alma de los difuntos para tomar su forma, monstruos en forma de globo, un padre y un hijo que esconden un secreto terrible… Volvemos a estar ante un recopilatorio de historias cortas como el que ya vimos en la primera parte de esta serie de recomendaciones, Flesh Colored Horror. En este volumen, encontramos la misma atmósfera opresiva (en su máximo esplendor en el capítulo “My dear ancestors”) y el mismo “horror absurdo” con el cual Ito suele fascinarnos. Otros relatos como “Falling”, en cambio, ofrecen un trato más místico y prácticamente carente de imágenes perturbadoras para sumirnos en la angustia que sufre el protagonista (dentro de lo que cabe en una historia tan corta, claro está).



The Back Alley




Ni una historia larga ni una recopilación de relatos: The Back Alley no es más que una historia corta perteneciente al doceavo volumen de la Horror Collection, pero que pese a su sencillez veo necesaria recomendarla porque consiguió atraparme de principio a fin. ¿El argumento? Un estudiante alquila una habitación en una casa que comparte con una madre y una hija que a simple vista parecen de lo más normal. Pero el joven no tardará en darse cuenta de que en el patio de atrás hay algo raro…



Voices in the Dark




Como se suele decir: “Lo mejor para el final”. Y no es para menos, ya que Voices in the Dark probablemente sea uno de los recopilatorios más memorables de la obra de Junji Ito. En esencia, no contiene nada que no hayamos visto en otros tomos, y la calidad de algunos de los relatos tampoco es espectacular… Pero es en este tomo donde uno de los personajes estrella de la obra del japonés hace su primera aparición. Tanto gustó que posteriormente Ito le dedicaría otro capítulo en el posterior New Voices in the Dark, el cual comentaré en próximas entradas.

En resumen, siete relatos dan forma a este recopilatorio (algunos más conseguidos que otros) pero manteniendo un nivel que supera a lo visto en otros como los ya comentados Flesh Colored Horror o The Face Burglar. Inevitable la mención especial a “Secret of the haunted mansion” y la agobiante y repulsiva “Glyceride”. El resto, pese a no ser malo, en ocasiones da la sensación de que podría ser algo mejor.



La mujer de la habitación oscura



Y como ya hice en la primera parte, finalizo la entrada con una recomendación ajena a la obra de Junji Ito pero que también podemos englobar en el género de terror. En esta ocasión no estamos ante un manga sangriento y tan retorcidamente repugnante como Arashi’s Freak Show… afortunadamente. La mujer de la habitación oscura, escrita y dibujada por Minetaro Mochizuki en el año 1993 nos presenta un tipo de terror más psicológico y sobrecogedor que el que nos ofrece Junji Ito. Más en la onda de películas como The Ring, este manga nos asegura por lo menos unos ratos de mal rollo, partiendo también de una leyenda urbana popular en Japón y que nos sume en uno de los acosos más escalofriantes que he presenciado, sea en un libro, cómic o película.




jueves, 2 de febrero de 2017

El mono, de Stephen King


"¿Fue ese el último sonido que ella oyó, el ahogado jang-jang-jang del mono golpeando sus platillos allá arriba, en la oscura buhardilla, mientras el viento silbaba por el canalón?"

Recuerdo el día en que cayó en mis manos el ejemplar de La niebla, a día de hoy en paradero desconocido, quizá en lo más profundo de un cajón, del armario en la cabecera de la cama, o en alguna caja perdida durante un traslado. A saber. Sin embargo, el día en que me hice con el libro lo tengo grabado a fuego en la memoria: fue en un viejo almacén de unos traperos, repleto de trastos y cosas que iban de lo inútil a lo inservible, con abundancia de VHS de serie B. Y muñecas, y ropa vieja, y... Vamos, que uno parecía encontrarse, precisamente, en uno de esos locales en que el protagonista de una película de terror está a punto de toparse con ese algo que, comprado con ingenuidad, le acabará haciendo vivir una pesadilla. 

Y, más o menos, puedo decir que así fue. Sin fantasmas ni accidentes ni muertos de por medio.

Compré por un euro o dos una vieja edición de La niebla, no de DeBolsillo, sino de una editorial que ni siquiera recuerdo y que parecía haber venido de regalo con un periódico. En fin, sea como sea, lo leí y lo disfruté bastante. Por aquel entonces mi idilio con Stephen King estaba llegando a su fin, y no recuerdo que me emocionase de una manera exagerada, pero a día de hoy, superado ese período de desencuentro, diría que lo pondría a la altura de sus obras buenas. Quizá no a la de las excelentes, pero eso es un lujo reservado a tan solo unas pocas.

Pero no estoy aquí para hablar de David Drayton ni de cuán estupendo es el final de la película de 2007. Esta entrada, y en el título lo veréis, es para hablar de El mono, maravilloso relato corto que acompañaba al principal en esa vieja edición (junto a El atajo de la señora Todd) y que no sé si a día de hoy en España se siguen publicando juntos.  

El argumento es simple: por casualidad, un niño encuentra un viejo mono de juguete, de esos que en inglés se llaman Jolly Chimp y que, de todo corazón, parecen más un instrumento de tortura que un juguete. Y, como uno puede imaginar, el monito resulta ser algo que roza lo diabólico y que convierte aquella casa en un infierno. 

Es interesante ver cómo King domina algo tan hoffmanniano como es el quebrar la normalidad mediante la irrupción de un elemento extraño, tanto que del recelo con que se observa pasa a ser siniestro, y que paulatinamente acaba por extenderse, devorando cualquier atisbo de cordura e imponiéndose sobre todo y sobre todos. En el de Maine, lo más habitual es que un grupo de personas se vea de pronto en una situación irracional (El cazador de sueños, La niebla, La balsa, Cell) y que ahí, en su lucha por salir de ella, salgan a relucir sus fobias, sus filias o su verdadera personalidad. Sin embargo, para mí sus relatos o novelas más interesantes son aquellas en que introduce un elemento extraño que, poco a poco, va tomando control de la situación, infectándola. Esto lo vemos sobre todo en El resplandor, donde el descenso a la locura de Jack Torrance está trabajado de una manera magnífica, tanto que parece que a uno se lo lleve también de la mano. Pasa también en los capítulos de It centrados en cada uno de los siete protagonistas, así como en Misery o en la reciente Revival. Por supuesto, no podemos hablar de dos bloques impermeables, y una manera de abordar el planteamiento no excluye de ningún modo a la otra, pero espero que se entienda. 

Y es ahí, pues, donde brilla El mono a pesar de sus treinta páginas, su propuesta más bien propia de un episodio de Pesadillas y de unos personajes planos y apenas memorables. En su dominio de los tiempos, en la sugestión de imágenes capaces de hacernos erizar el vello, en un final que en absoluto es "feliz", como he leído en algunas otras reseñas de Internet. La máxima de "lo bueno, si breve, dos veces bueno" se cumple aquí a rajatabla y es de agradecer, porque difícilmente soportaría un desarrollo más extendido. 

De sus relatos que he tenido la oportunidad de leer, que tampoco son demasiados, probablemente éste sea mi favorito. La balsa está ahí ahí, y de hecho ambos destacan por las mismas virtudes, pero el hecho de que en El mono el terror sea más psicológico y menos visceral hace que gane algunos puntos extra. Eso sí, sigo pensando que King donde más destaca es en el desarrollo de historias largas y elaboradas en que los personajes se construyan con detalle, ofreciendo distintas facetas, descamándose y descubriéndose a medida que el horror hace mella en ellos. Pero quizá este equivocado, quizá en sus relatos haya más donde rascar, así que habrá que echar un vistazo a El bazar de los malos sueños, que se publicará en España de aquí a una semana justa, el 9 de febrero. Veremos si alguno logra desbancar a este mono maldito de mi podio particular.

martes, 31 de enero de 2017

Narrenturm, de Andrzej Sapkowski



"Comienza esta historia de forma amena y dulce, vaporosa y delicada, con unos amores agradables y ardientes. Pero que esto, nobles señores, no os engañe. Que no os engañe."

Empezaré siendo sincero, y es que a mí las novelas históricas jamás me han llegado a gustar. Allende la calidad de la prosa o la profusa documentación del autor, siempre me ha parecido estar ante algo muy encorsetado, un relato de hechos narrados pero sin alma. Mi experiencia más reciente fue con El caballero del templo, del aragonés José Luis Corral, y resume punto por punto ese prejuicio, que no lo es tanto atendiendo a que suelen ser esos problemas habituales en el género. 

Por eso, cuando supe de la existencia de la trilogía de las guerras husitas y vi que la había escrito Sapkowski supe que tenía que leerla, darle una oportunidad a un género cuya relación conmigo es algo tirante (y lo reconozco, sí, más por mi parte que por la suya). La cuestión es que, en realidad, Narrenturm no es una novela histórica. No, por lo menos, stricto sensu. Y ahí radica, en mi opinión, no solo su virtud sino también el buen hacer de Sapkowski.

Ambientada en el siglo XV, Narrenturm nos traslada a una Europa del Este en conflicto por las confrontaciones entre el catolicismo y las diversas y numerosas herejías que buscaban poner en jaque el dominio de Roma. El protagonista es Reinmar de Bielau, un joven estudiante con demasiado gusto por las faldas cuya cabezota lo obligará a emprender un viaje por Silesia a través del que descubrirá el peligro que está cerca de asolar la región. Y no solo eso, pues algo oscuro e indeterminado repta entre las sombras, algo que parece estar por encima de bizantinas disputas terrenales.
Con este último punto ya podéis intuir que hay algo más, un componente que se aleja de lo meramente documental y que se empapa, en efecto, del imaginario fantástico de Sapkowski. Veremos monstruos, brujas, seres extraídos del folklore eslavo que aquí son de carne y hueso. Asimismo, también estará presente la magia y la hechicería. Los demonios, en efecto, no se verán reducidos a abstracciones del Mal.

Aquí abro sin ambages la puerta al debate: ¿Qué debe hacer una novela histórica? ¿Narrar unos hechos punto por punto? ¿O bien recrear al detalle un contexto verídico para luego desarrollar en él una historia particular y unos personajes con carisma?

Narrenturm no es una novela exenta de objeciones. Algún problemilla me veo obligado a mencionar, si bien es una novela sobresaliente y que va a exigir más de una relectura tanto para una mejor comprensión de ciertos detalles como por puro placer. Por encima de todo, le pesa la ausencia de un hilo argumental consistente. Da la impresión de que Reinmar vaya de un lado al otro dando bandazos y sin acabar de concretarse su suerte, empezando una y otra vez de nuevo. Por ejemplo, se llega a una situación en que se vislumbra un giro importante que daría más consistencia al argumento y una razón de ser a los eventos acaecidos hasta entonces. Sin embargo, Sapkowski recurre en más de una ocasión al deus ex machina y todo vuelve, por decirlo de alguna manera, a la normalidad. Y vuelta a empezar. Esto último, de momento, lo cogeré con pinzas; aún quedan dos libros por delante y puede que todo lo acontecido acabe llevando a algún lugar. 

Pero Narrenturm, a pesar de eso, brilla con luz propia. Brilla en los diálogos, en personajes como Scharley, Catalina, Ambrós o el Treparriscos. Brilla en sus descripciones, en la facilidad con que Sapkowski entremezcla fantasía y realidad y, sobre todo, en la sombra que tenuemente sentimos extenderse sobre la suerte de nuestros protagonistas.

Quizá no estemos hablando del tipo de novela histórica que gustaría a un catedrático, pero sí de aquella que un lector disfruta devorando capítulo tras capítulo. Y no sin menos rigor histórico. Como quien no quiere la cosa, uno comienza a familiarizarse con nombres hasta entonces desconocidos, y le basta comenzar a indagar para darse cuenta de que poco sale exclusivamente de la imaginación del autor, que esos personajes, episodios y lugares existieron de verdad. Para mí eso es un punto a favor, 

Para los despistados como yo, que no os asusten las numerosas frases en latín, checo o polaco que plagan el texto; detrás, a modo de anexo, están recogidas sus traducciones, en algunos casos con anotaciones del mismo Sapkowski. No es más que un detalle pero, ciertamente, mejora aún más una inmersión intachable que incluso resiste el embate de las primeras e inesperadas escenas de fantasía pura que a uno le pueden chocar si creía tener en las manos un libro exento de ellas.

A tenor de cuestiones lingüísticas, si algo no he podido sacarme de la cabeza ha sido que este libro, en su versión original, debe ser un tesoro. Ya en la saga de Geralt de Rivia el autor juega con las variantes regionales del idioma y en este sucede lo mismo. Con esto no quiero decir que la traducción al castellano sea mala, en absoluto, pero es evidente que carece de este componente, y si bien se intenta que no pase desapercibido está claro que el resultado no es el mismo.  

Mi intención es ir reseñando cada uno de los volúmenes para, posteriormente, dedicarle una entrada a la trilogía en sí. Primero está Narrenturm, luego Los guerreros de Dios y finalmente Lux Perpetua. En este primer caso, no puedo hacer más que concluir que esta "Torre de los locos", que es lo que significa el título en nuestro idioma, es toda una experiencia capaz de trasladarnos a un contexto para tantos de nosotros desconocido. Y sí, reitero que le pesa, y en alguna ocasión algo gravemente, la falta de un hilo argumental robusto y que apunte a una cierta progresión. Asimismo, el deus ex machina puede acabar siendo algo frustrante cuando creemos que la historia va a dar un giro que, por lo que uno intuye, le sentaría como un guante. Pero aun así, es una de los pocos defectos que se le puede achacar a una novela que, para mí, ejemplifica (y de una manera genial) lo que debería ser el género histórico, huyendo de narraciones frías y personajes vacíos y sin dejar de lado el rigor aun permitiéndose ciertos exabruptos fantásticos. A los que hay que acostumbrarse, todo sea dicho.


sábado, 28 de enero de 2017

Más obras de Junji Ito y otros mangas de terror


Hace unos pocos meses hice un pequeño comentario de Uzumaki, la obra insignia de este mangaka experto en dar forma a imágenes tan perturbadoras que en más de una ocasión resultan imposibles de olvidar. Como he podido fijarme en que la entrada ha sido bastante visitada, he pensado que no estaría de más profundizar en la obra de Junji Ito y, también, recomendar otras obras de dibujantes destacados.

Así pues, comienzo presentándoos a...

Tomie

Dejaréis de pensar eso de que "a nadie le
amarga un dulce".

Empezamos con el manga que está justo por detrás de Uzumaki en lo que respecta a popularidad: Tomie, el recurso de la femme fatale llevado al extremo. Estamos ante una obra formada por distintas historias cortas, algunas más antiguas que otras (lo que se nota en el estilo de dibujo, pudiendo apreciar unos modelos más simples en el primer episodio, por ejemplo), que giran en torno a la figura de una chica que vuelve locos a los mozalbetes... literalmente.

Pese a que en algunos casos hay tramas que siguen a la anterior, en general podríamos leer cualquiera de ellas independientemente del resto y la comprensión de la lectura no se vería afectada en absoluto. De modo que, como podéis imaginar, el de Tomie no es un argumento complejo. Ni siquiera tiene lo que podríamos considerar un inicio, ni un clímax y aún menos un desenlace. Cada trama es independiente, y, por lo general, suele terminar siempre con la "victoria" de la chica sobre aquellos a quienes domina.

Es un manga recomendable al 100% si os gustó Uzumaki u otros relatos de Junji Ito, repleto de escenas realmente desagradables y alguna que otra trama que sorprende gracias a un acertado giro de guión. En algunos casos, encontraremos historias más bien de  de carácter "psicológico", y será en estos donde el autor dará rienda suelta a una de las cosas que mejor se le da: la insinuación.

Aunque por otro lado, afortunadamente, una de las grandes bazas de Ito es su habilidad a la hora de dibujar personajes y momentos grotescos que llegan a asustar al lector, como si de un sobresalto en una película se tratase. En esto, también destaca a base de bien y no serán pocas las tramas en que "gozaremos" de seres deformes, inhumanos e imágenes espectrales que ponen los pelos de punta.

En definitiva, Tomie es una obra imprescindible y una de las mejores opciones para todos aquellos que tras Uzumaki se quedaron con ganas de más. Preparaos para un sinfín de casquería y de chicos que, sin rastro alguno de cordura no dudarán en asfixiar, descuartizar, apuñalar y en general acabar con la vida de una chica que por mucho que se la asfixie, descuartice o apuñale, siempre regresa. Tomie siempre regresa.


Flesh-Colored Horror



Flesh-Colored Horror es el título del tercer volumen de las compilaciones de historias cortas de Junji Ito (16 en total), y probablemente una de las más populares dejando de lado los dos primeros tomos, que son nada más y nada menos que los relatos de Tomie comentados arriba. Al contrario de Tomie, en Flesh-Colored Horror encontramos distintos relatos que no tienen nada que ver entre sí, como era el caso de los anteriores. Cada historia empieza y concluye independientemente de lo que le sigue, y puede considerarse, probablemente, una de las obras más “amables” (y me quedo corto con las comillas) de Junji Ito. Porque, por un lado, no llega al nivel de contundencia de Tomie o Uzumaki, pero en algunos casos puede presumir de imágenes realmente fuertes.

Long hair in the attic da inicio a esta
recopilación, y difícilmente os dejará
indiferentes.


A lo largo de este volumen encontraremos chicas asesinadas por su propio pelo, un escultor que no conoce límites, un virus que embellece a las jóvenes menos agraciadas pero que a la vez las consume hasta la muerte, una madre loca obsesionada con el aspecto de su hijo… Como podéis imaginar, la atmósfera malsana de las obras de Ito está también patente en esta colección de relatos. 

Más entretenido que Tomie (dada la variedad de las tramas, principalmente), Flesh-Colored Horror es una buena opción para los que busquen una lectura más ágil y de menor mal gusto que las obras principales de la bibliografía del autor.









Gyo

Bonita portada.


¿Qué es Gyo? Probablemente sea una de las preguntas que os haréis si os decidís a echarle un vistazo a este manga, otro de los más influyentes y destacados de la obra de Junji Ito junto a Uzumaki y Tomie

Ya habréis visto que cuando me refiero a los trabajos de este autor distingo algunos de los otros, por lo que respecta al grado de impacto y en ocasiones mal gusto de las imágenes. En esta ocasión, con Gyo estamos ante uno de los mangas que más roza el extremo de lo desagradable, algo que compensa de sobras un argumento que si bien es muy potente en un principio, termina rozando lo engorroso en su tramo final, recordando a lo apocalíptico que caracteriza el último volumen de Uzumaki

Gyo podría interpretarse como una historia de zombies (o como se les llama ahora, de infectados) totalmente innovadora y arriesgada por lo que respecta a su planteamiento: Un “virus” de origen humano que se extiende como la peste, convirtiendo a la humanidad en lo más parecido a unos muertos vivientes mecánicos. ¿Surrealista? Quizá, pero creo que el mejor adjetivo que puede describir esta obra es “desagradablemente absurda”, y pese a no ser de mis favoritas, está considera una lectura imprescindible para los seguidores del manga de terror.


Mr. Arashi's Amazing Freak Show



Y terminamos esta entrega con una excepción, una obra no de Junji Ito sino de Suehiro Maruo. Sexo, casquería, violencia extrema… Probablemente sea uno de los autores más bestias e impactantes por lo que supone su estilo. No tiene nada que ver con Ito, que se limita a un terror y a un gore mucho más “sano” en comparación con la obra de Maruo. Y como habéis podido ver, ni Uzumaki, ni Tomie, ni Gyo son un episodio de Doraemon precisamente. 

Y es que hay algo que diferencia muy bien las obras de cada uno de estos autores. Y es que, si bien los mangas de Junji Ito contienen imágenes desagradables y momentos de mucha tensión, su lectura, para los fans del género (o no) es agradable, te hace pasar un buen rato. No pasa lo mismo con la de Maruo. 

Mr. Arashi’s Amazing Freak Show no es ni una lectura agradable ni invita para nada a pasar a la página siguiente. La violencia, el sexo y el mal gusto van ligados, llevados a un extremo que a más de uno le puede provocar arcadas. Por lo tanto, estamos ante un manga a tener en cuenta por los aficionados al género y por todos aquellos que buscan emociones fuertes y que disfrutan de películas como A Serbian Film y derivados. 

Para los interesados, comento que también existe una versión animada de este manga, que no se corta en nada y que ofrece exactamente lo mismo, plano por plano, que lo que ofrece el original de Suehiro Mauro.




Y de momento, aquí termina esta tanda de recomendaciones. Próximamente más, porque la obra de este autor es inabarcable en una sola entrada. Ah, y como apunte final, huelga decir que todos estos mangas los podéis encontrar fácilmente en Internet para leerlos online, aunque no voy a negar que leerlo en papel y metido en la cama a altas horas de la noche sea un plus a tener en cuenta. 

¡Que paséis un desagradable buen rato!